Cómo escribir una carta (o "Clipo, no esistí!").
Primeramente, nuestros auspiciantes:

Buenas tardes, amigo lector, amiga lectora,
"ositoko, ositaka", abuelo completamente senil que usa internet, turba
enfurecida con ganas de linchar, señora distraída que se perdió cuando buscaba
el sitio de Locomotora Castro y que en treinta segundos estará indignada por lo bajo del humor de esta página, pero que seguirá volviendo porque sabés que te gusta, vieja, no digas que no.
Ah, antes que nada, quisiera mencionar que me parece aberrante la decisión de
ver los partidos del Mundial en las escuelas. Cosa que no tiene nada que ver con
el contenido de este post, ni con nada, pero como todo el mundo opina sobre eso
en estos días...
Como sea, vayamos al
grano.
...
Ahora, vayamos al punto principal del post.
Últimamente me pasa que voy caminando por la calle y ante los bocinazos de los automovilistas me paso a la vereda. Una vez en la vereda, la gente me reconoce y me para para para preguntarme (no está mal escrito, leélo bien, son dos "para"):
"Querido Agropio:
¿Cómo escribo una carta?
Sin otra particular, le ofrezco mis más cordiales saludos,
Ernesto Churulackson, de ahí de la vereda, ¿vio?".
Sí, se ve que al menos una vaga idea tienen.
Usted se preguntará, amigo lector, amiga lectora, abuelo, vieja, hoy, en pleno siglo
XOIXXXOOI, en plena época de botones y computadoras, de e-mails, PCs, SMSs y botones y computadoras y botones, ¿De qué me sirve saber escribir una carta? Bueno, veamos las ventajas y las desventajas (o sea, "No sé").
Las ventajas principales de una carta son tres:
1) Flexibilidad: La carta nos permite otras cosas.
Ejemplo: No se puede mandar ántrax por e-mail.
2) Flexibilidad otra vez: No sólo no hace falta PC, celular o internet, sino que si no tenés PC, celular o internet, no te queda otra, gil.
3) El factor "Yo pensador groso que escribe en papel, mirá mirá qué clase que tengo", que es bastante autodescriptivo.
Las desventajas también:
1) Es más fácil y rápido para muchos escribir un mail que no dice nada, todo lleno de
"ajajajajaaajjññprrrlooooocho", ":S", emoticones de Chuck Norris y "paLAvrash kE no ekShIshtenNN!!!11uno", que agarrar una birome y usar la cabeza un segundo. No hay chiste en este punto.
2) Te manchás con la birome. Cosa que creo que me pasa a mí solo.
Bueno, éste no lo cuentes.
3) Esto no es Office. Si sos un vurro, se nota.
Por supuesto, existen más ventajas y desventajas que las expuestas aquí, pero si las sabés por qué no las decís vos, que sos tan vivo? A ver, no, dale,
¿¿querés escribir vos??.. Ah... No, me parecía.
Ahora bien, decíamos antes que la gente tiene una muy vaga idea de cómo escribir una carta, sólo que no saben por donde empezar. Pero ahí exactamente está el problema: Tienen una idea básica pero no saben por dónde empezar.
Bien, entonces el segundo paso para escribir una carta (o cualquier cosa) es tener algo para decir. Sin embargo, esto no es estrictamente necesario, ya que es perfectamente posible escribir bastante sin tener nada para
decir. Pero nada de nada. De hecho, conozco un blog que... Bueno, basta de
autochivo. Este último punto pierde protagonismo si la carta que estamos
escribiendo es una respuesta a una que se nos envió a nosotros, o bien a la
vecina de al lado, pero que la abrimos nosotros y nos queremos divertir un rato.
En estos casos no es tan importante tener algo que decir ya que solamente hay
que contestar lo que se nos pregunta. Si no se nos pregunta nada, no contestamos
nada, el remitente se pudre en el infierno y todos felices (cf. Nelson Castro
en su sección del diario Perfil).
Planté monos.
Plantémonos?... Ahh, no, pará...
Hem-hem...
Planteémosnos una situación para ejemplificar: Roberto Benavides, empleado de la Heladería
"Las Manos del General", se ha tomado el día libre y ha ido de paseo recreativo a una exposición del controversial artista plástico León Ferrari, a la recientemente
finalizada Feria del Libro de este año, y a la Casa Rosada, sede del gobierno de la Nación, donde Piñón Fijo lo arrestó por portación de crayones verdes, aunque él nunca supo que ésta había sido la verdadera razón de su encierro. Luego regresó a la clínica de rehabilitación para adictos al LSD.
Ahora bien, veamos cómo podría expresar esto el propio Roberto Benavides, en sus propias palabras y con su estilo personal:
"Yo, Roberto Benavides, empleado de la Heladería Alternativa
'Las Manos del General', me he tomado el día libre y he ido de paseo recreativo a una exposición del controversial artista plástico León Ferrari, a la recientemente
finalizada Feria del Libro de este año, y a la Casa Rosada, sede del gobierno de la Nación, donde Piñón Fijo me arrestó por portación de crayones verdes, aunque yo nunca supe que esa había sido la verdadera razón de mi encierro. Luego regresé a la clínica de rehabilitación para adictos al LSD.
Saludos, el Roberto".
Como observamos, esta primera etapa tiene defectos muy evidentes y no es perfecta, pero como primer borrador es todo un asco.
Veamos cuáles son las fallas:
Falla 1: La extensión de la carta no es la apropiada. No es ni demasiado larga y demasiado corta, de manera que no molesta al destinatario. Una carta que no molesta es una carta que es mejor no mandar.
Falla 2: El estilo del señor Roberto Benavides tampoco es el apropiado para contar esto, ni ninguna otra cosa. Esto se debe más que nada a que empieza con forma de testamento. Todos hemos recibido alguna vez por correo un testamento de alguien que no conocemos, y sabemos lo que se siente. Es molesto. Además, como hemos aprendido viendo películas de Canal 9 los jueves a la noche, el que escribe un testamento se muere.
Falla 3: San Andrés. (Nota: Los chistes de geografía están muy adelantados para este tiempo).
Falla 4: Las de Valencia. (Nota: Los chistes de fiestas tradicionales de Europa no sirven).
Falla 5: Inconsistencia: El señor Roberto dice no conocer un hecho que sin embargo acaba de explicar, o sea que sí lo sabe. La Omnisciencia cae muy mal, Roberto.
Falla 6: San Andrés. (Nota: Los chistes de geografía ya están pasados de moda).
En fin, tratemos de mejorar estas fallas, y producir algo que agrade al destinatario.
Ah, sí...
Eso es el tercer elemento fundamental para escribir (o más bien enviar) una carta. Un destinatario. En este caso, el señor Benavides trabaja en una heladería alternativa, que comercializa sabores como
"Mocos de Invierno", "Cola de Simio", "Juventú Perdía", "Concepto Abstracto con Nueces" y
"Jorge Bucay". Esto no es un dato menor, ya que si bien a simple vista puede parecer irrelevante, en realidad no tiene nada que ver con nada. Sin embargo, puede servir como indicador de que... No, ahora que lo pienso no tiene nada que ver con nada de nada, pero de verdad.
Bueno, el destinatario.
Por ejemplo: Supongamos que Roberto está enviando una carta a su padre, que a la edad de veinte años, cuando peleaba en las trinchetas de la Cuarta Guerra del Pirumonulóxido de Pantufla, tropezó con una lata de Red Bull y cayó de Bruces Lee al barro, sólo para morir trágicamente atropellado por un camión del Circo Atlas... ¿Eh?.. ¿Cómo dice la vieja, che?.. Ah-ah-ah, es verdad, no puede ser... Bueno, supongamos que Roberto está enviando una carta a su madre. Esto es más apropiado, dado que la masa encefálica de la señora aún se encuentra dentro de su cráneo, por lo que le es más fácil leer cartas.
Para que la carta llegue exitosamente al destinatario, debemos conseguir el domicilio donde el mismo está recibiendo actualmente su correspondencia (faa, qué frase, anotala ésa). Claro que no es necesario que la dirección sea 100% correcta, siempre y cuando no nos importe que le llegue a otro, pero que llega,
llega, y si no la lee el cartero. Cuando yo trabajaba de cartero me encantaba
que las cartas tuvieran mal la dirección para quedármelas yo y usar sus
secretos para extorsionar al remitente. Claro que esto a veces era imposible, ya que
generalmente el remitente también estaba escrito mal.
Supongamos que tenemos la dirección de la madre del señor Roberto. La diagramación de los datos en el sobre debe verse más o menos así:

Otra posible forma, y por lejos la mejor diagramación existente para cualquier cosa, podría ser:
(Si la foto de arriba no se ve, hacé clic acá.
Tomá, no es un link, ¡JA!, pero siempre quise hacer eso. "Ladrón que
roba..." ¿vio?.. Perdón)...
Paso importante: Debemos recordar poner una estampilla en el sobre. Las estampillas en el sobre son elementos fundamentales en el sistema de intercambio epistolar, ya que su presencia evita la falta de estampillas en el sobre. Además, todos sabemos que los carteros no tendrían la fuerza y energía para llevar cartas a pie por todo el continente americano si no fuera porque se drogan con el pegamento de la estampilla cual Red Bull del servicio postal. Posta. Y "posta" no es un juego malo de palabras. En serio, che, ni se me había ocurrido hasta que pusiste esa cara...
Dato estúpido: A las cucarachas les encanta el pegamento de las estampillas y los sobres.
Una vez puesta la estampilla, sería interesante averiguar la dirección de uno. En este caso, la dirección de Roberto. Claro, esto es porque Roberto está mandando la carta. El remitente, es decir Roberto, debe averiguar la dirección del remitente. En este caso, el remitente es Roberto.
Es importante incluir la dirección de Roberto-- ehm, digo, la dirección... de uno... Claro, de uno. Es importante incluir la dirección de uno en la carta, para que la madre de Roberto sepa que somos nosotros quien enviamos la carta (es decir,
Roberto), y para que el cartero nos pueda extorsionar como describimos antes.
Por ejemplo, podría quedar algo así:

Hasta aquí, una breve guía sobre el proceso de escribir una carta y que llegue exitosamente a la madre de Roberto. En próximas ediciones, tal vez veamos cómo mandar cartas a la madre de Ernesto. El proceso es esencialmente el mismo, pero con ciertas modificaciones, dado que la madre de Ernesto es ciega y vive en Nepal.
Vieja, sé lo que estás pensando, este post ha sido malísimo. Pero la culpa no es mía, sino de Ernesto Churulackson, de ahí de la vereda, que me sugiere estos temas que yo acepto encantado debido a mi proverbial falta de pensamiento crítico.
Y así, hemos llegado al fin del presente post. Qué sorpresa, ¿no? Sí, qué
sé yo, no sé terminar los posts.
Sin otra particular, se despide atentamente,
Agropio Fallaver.
P.D: Esto es una postdata. Aprendé.

Luego, me dirigí al Burger King de Corrientes y Florida, que incidentalmente estaba lleno de turistas (ir hasta el otro lado del mundo y encontrar un Burger King debe ser una sensación re gratificante, me imagino). Todavía no lo sabía, pero estaba a punto de conocer a mi némesis... Estaba esta promoción de King Kong, una hamburguesa gigantesca con tres patis, si me disculpan la expresión, y toda llena de mayonesa, pepinos, fosforitos, bolas de dragón
De verdad, no trates de dejarla y agarrar de nuevo porque no podés; existe una placa en el Burger King en memoria de aquellos valientes consumidores que intentaron en vano retomar una hamburguesa gigante, sólo para morir (con honor, eso sí) aplastados bajo la masa amorfa de carne, pan, caca, verdura y condimentos que sale de toda hamburguesa inestable manejada sin precaución. Lest we forget.
En fin, como todos sabemos, es peligroso estar cerca de alguien que sabe demasiado, como este flaco. Gracias a Yoda, para ese momento yo ya me estaba terminando mi hamburguesa, por lo que aproveché ese instante para tirarles una granada de humo y desaparecer como un ninja (después me di cuenta de que a lo mejor hubiera funcionado mejor al revés).
Sigilosamente (algo bastante innecesario cuando de todo el mundo nadie parece notar un elefante gigante que flota por encima de los mortales), me acerqué hacia el foco del fenómeno. A medida que me acercaba, veía autos antiguos, policías mezclados con gente disfrazada de policía, un elefante amarillo hecho con flores, no tan grande como el verde, gente vestida de animales, animales sin cabeza de animales sino de personas que tomaban mate sentadas en el cordón de la vereda, y cabezas de animales sin cuerpo alguno, desparramadas por la calle.
"Nuuuu!", me dije, "esto no puede ser Radiohead, loco!!!". La canción (ciertamente no una balada) era una cosa muy rara, una especie de hoedown muy psicodélico, muy lisérgico y muy hippie loco. Me imaginé un Hobbit bailando onda "Wiii!! Uiijaa!! Iupii!! Ándalee!! Etcéteraaa!!!", si se entiende (cosa que no). (Bueno, ya se va a entender). Entonces, una voz empezó a cantar. Una voz que contaba, en forma bastante resumida, las aventuras de Bilbo Bolsón como se relatan en El Hobbit, al mejor estilo "No tengo respeto por los muertos, por los autores, o por los autores muertos. Tolkien, revolcate en tu tumba, querido". Pero... La Voz... La Voz me empezó a sonar familiar... Vagamente conocida, como si no la hubiese escuchado en muchos años, pero como si en algún momento la hubiese escuchado mucho... ¡No!... ¿Era posible?... No, no, es muy descabellado... No, no puede ser, por el amor de Dios... Aunque...






