Breve Catarsis sin Patas ni Cabeza Sobre la Televisión Actual de la Tarde (o "Mami, no tengo vida alguna")
Uy, mirá, el Chavo del Ocho. Bueno, dejo el Chavo, que a fin de cuentas es lo único que hay para ver a la tarde.
La televisión de la tarde es una de las cosas más descuidadas y/o abandonadas que hay, y si no me equivoco me va a ocupar la mente en muchos posts futuros (qué fe que me tengo). Todo lo que alguien produce y nadie compra durante tres años, todo lo que alguien escribe pero no tiene de entrada la cara de llevarle a un productor, todos los vehículos para estrellas en decadencia que no se resignan a programas de cocina, todo va a parar a la tele de la tarde.
Me acuerdo que cuando era chico y tenía que ir al dentista a las cuatro de la tarde, faltando a la escuela, porque siempre fui a la tarde, existía una franja en Telefé desde después de la hora de comer hasta la hora de la leche, donde pasaban todos esos dibujos que uno recuerda, como el Inspector Gadget, los Supercampeones (que nunca me gustaron pero los pasaban igual), o.. bueno, hay otros... como el Inspector Gadget. Esta franja era interrumpida por lo general a las cuatro de la tarde, cuando aparecía algún programa de cocina, algo al estilo Utilísima, ese tipo de cosas. Después los noticieros, y durante algún tiempo El Mundo de Disney con Leonardo Greco (dicho sea de paso, ¿qué fue de Leonardo Greco?). Después a la noche te pasaban una de Van Damme o de Schwarzenegger, daba lo mismo, total no te dabas cuenta.
Mucho ha cambiado desde entonces en la tele de la tarde. Bueno, mucho no ha cambiado, pero mucho ha cambiado. Vamos a ver:
La franja de las cuatro de la tarde, con el programa estilo Utilísima, ahora dura toda la tarde. Pero tampoco es un programa estilo Utilísima; en la última década se ha llenado de programas que te investigan los hongos urinarios del Osvaldo Laport o donde un médico brasileño te cuenta sobre el análisis de colores de la caca de Luis Miguel. Ahora bien, el problema (ya) no son estos programas, ni los programas estilo Utilísima, ni el Mundo de Disney, ni las películas del Arnold Van Damme. El problema es todo junto: Agarrás, prendés la tele a las 3:41 pm y ves un grafólogo diciéndote por qué el que pone punto en la firma se va a pegar un tiro. Si la hubieras prendido a las 3:39, llegabas a ver a un chino que hace malabares con fuego mientras en el fondo, alguien cocina algo y un economista con nombre de broma telefónica y corbata de los tres chiflados te explica con toda seriedad el futuro de la Argentina y de los argentinos, porque también es astrólogo. Termina el programa y no sabés qué viste. Van Damme, Blanca Cotta, Jorge Rial, Laport, Cabak, Schwarzenegger, Leonardo Greco, son todos lo mismo.
Cabe aclarar que esto de las 3:39 y las 3:41 es sólo una ejemplificación. El tiempo no corre en la tele de la tarde. No hay antes, no hay después, no hay tiempos, no hay horas. Nadie sabe exactamente cuándo termina o empieza un programa de la tele de la tarde; el horario se retuerce en su tumba, todos los programas son una masa amorfa y continua de gente que habla, se sienta en un escritorio diciendo "Gra..." y se levanta en dirección a un decorado-cocina largando el "...cias, Fulano". Nadie sabe cuándo termina el programa a menos que llegue just para ver el final, en cuyo caso lo más probable es que el programa que empieza a continuación sea el mismo programa que el espectador creía haber visto terminar. Naturalmente, el televidente inexperto se pregunta qué programa era el que estaba recién, a qué hora empezó, a qué hora debería haber terminado (no se resigna a que eso de las 4:41 sea una hora de terminar o empezar), y si no era el que antes estaba en otro canal. El televidente más experimentado sabe que no tiene sentido tratar de usar la razón para entender la tele de la tarde.
De a ratos hay algo de aire, de cualquier manera. Repeticiones de Mac Gyver, Alf o El Zorro, antes usuales en estos horarios, han quedado tristemente dejadas para los sábados a la mañana, cuando el que no trabaja duerme. Pero todavía tenemos al Chavo del Ocho. Uno sabe los diálogos de memoria y se acuerda de todas las versiones y remakes de cada capítulo, pero si está muy desesperado lo vuelve a ver. Cosa que no pasa con los otros programas (excepto cuando el televidente pierde la voluntad de luchar y se deja comer por todo).
Uno se pregunta si Ellos piensan que nadie ve la tele a la tarde. Es decir, uno sabe que uno no la mira, pero conoce gente que sí, y que a veces se queja de lo mismo que uno. ¿No saben ellos que la gente que se banca todos los días lo mismo, en algún momento u otro, se pudre? Algún día alguien va a fundar un movimiento revolucionario contra los programas de cocina con bloque cultural, show de talentos, actualidad, economía, espectáculos y todo junto, al mando del cabecilla militar Pepe Pompín, que tiene la desgracia y suerte simultáneas de estar en un programa que si bien no es uno de estos menjunjes de los que hablábamos, tampoco tiene un género definido.
Por eso me gustan las vacaciones de invierno y de verano. Porque en esos momentos incluso Ellos se pudren y mandan series viejas o películas como "El Tren Atómico", "El Perro Atómico", "Mi Pobre Angelito 2", "Mi Pobre Angelito 3" o "Mi Pobre Angelito 4" (debo aclarar que todas éstas son películas de verdad, que alguien hizo, dirigió, pagó, produjo, compró su televisación, etc. Posta, yo las vi todas).
Ack! Quiero ver el Chavo... Uh, mirá, es el capítulo donde juegan al fútbol americano, en el patio que en ambas versiones del capítulo tiene una esvástica dibujada en una pared... Sí, eso siempre me intrigó mucho.
Bué, quejándose como siempre pero sin mover un dedo al respecto, se despide,
Agropio Fallaver,
el que escribe sobre lo que a nadie le interesa, pero lo leés igual.
La televisión de la tarde es una de las cosas más descuidadas y/o abandonadas que hay, y si no me equivoco me va a ocupar la mente en muchos posts futuros (qué fe que me tengo). Todo lo que alguien produce y nadie compra durante tres años, todo lo que alguien escribe pero no tiene de entrada la cara de llevarle a un productor, todos los vehículos para estrellas en decadencia que no se resignan a programas de cocina, todo va a parar a la tele de la tarde.
Me acuerdo que cuando era chico y tenía que ir al dentista a las cuatro de la tarde, faltando a la escuela, porque siempre fui a la tarde, existía una franja en Telefé desde después de la hora de comer hasta la hora de la leche, donde pasaban todos esos dibujos que uno recuerda, como el Inspector Gadget, los Supercampeones (que nunca me gustaron pero los pasaban igual), o.. bueno, hay otros... como el Inspector Gadget. Esta franja era interrumpida por lo general a las cuatro de la tarde, cuando aparecía algún programa de cocina, algo al estilo Utilísima, ese tipo de cosas. Después los noticieros, y durante algún tiempo El Mundo de Disney con Leonardo Greco (dicho sea de paso, ¿qué fue de Leonardo Greco?). Después a la noche te pasaban una de Van Damme o de Schwarzenegger, daba lo mismo, total no te dabas cuenta.
Mucho ha cambiado desde entonces en la tele de la tarde. Bueno, mucho no ha cambiado, pero mucho ha cambiado. Vamos a ver:
La franja de las cuatro de la tarde, con el programa estilo Utilísima, ahora dura toda la tarde. Pero tampoco es un programa estilo Utilísima; en la última década se ha llenado de programas que te investigan los hongos urinarios del Osvaldo Laport o donde un médico brasileño te cuenta sobre el análisis de colores de la caca de Luis Miguel. Ahora bien, el problema (ya) no son estos programas, ni los programas estilo Utilísima, ni el Mundo de Disney, ni las películas del Arnold Van Damme. El problema es todo junto: Agarrás, prendés la tele a las 3:41 pm y ves un grafólogo diciéndote por qué el que pone punto en la firma se va a pegar un tiro. Si la hubieras prendido a las 3:39, llegabas a ver a un chino que hace malabares con fuego mientras en el fondo, alguien cocina algo y un economista con nombre de broma telefónica y corbata de los tres chiflados te explica con toda seriedad el futuro de la Argentina y de los argentinos, porque también es astrólogo. Termina el programa y no sabés qué viste. Van Damme, Blanca Cotta, Jorge Rial, Laport, Cabak, Schwarzenegger, Leonardo Greco, son todos lo mismo.
Cabe aclarar que esto de las 3:39 y las 3:41 es sólo una ejemplificación. El tiempo no corre en la tele de la tarde. No hay antes, no hay después, no hay tiempos, no hay horas. Nadie sabe exactamente cuándo termina o empieza un programa de la tele de la tarde; el horario se retuerce en su tumba, todos los programas son una masa amorfa y continua de gente que habla, se sienta en un escritorio diciendo "Gra..." y se levanta en dirección a un decorado-cocina largando el "...cias, Fulano". Nadie sabe cuándo termina el programa a menos que llegue just para ver el final, en cuyo caso lo más probable es que el programa que empieza a continuación sea el mismo programa que el espectador creía haber visto terminar. Naturalmente, el televidente inexperto se pregunta qué programa era el que estaba recién, a qué hora empezó, a qué hora debería haber terminado (no se resigna a que eso de las 4:41 sea una hora de terminar o empezar), y si no era el que antes estaba en otro canal. El televidente más experimentado sabe que no tiene sentido tratar de usar la razón para entender la tele de la tarde.
De a ratos hay algo de aire, de cualquier manera. Repeticiones de Mac Gyver, Alf o El Zorro, antes usuales en estos horarios, han quedado tristemente dejadas para los sábados a la mañana, cuando el que no trabaja duerme. Pero todavía tenemos al Chavo del Ocho. Uno sabe los diálogos de memoria y se acuerda de todas las versiones y remakes de cada capítulo, pero si está muy desesperado lo vuelve a ver. Cosa que no pasa con los otros programas (excepto cuando el televidente pierde la voluntad de luchar y se deja comer por todo).
Uno se pregunta si Ellos piensan que nadie ve la tele a la tarde. Es decir, uno sabe que uno no la mira, pero conoce gente que sí, y que a veces se queja de lo mismo que uno. ¿No saben ellos que la gente que se banca todos los días lo mismo, en algún momento u otro, se pudre? Algún día alguien va a fundar un movimiento revolucionario contra los programas de cocina con bloque cultural, show de talentos, actualidad, economía, espectáculos y todo junto, al mando del cabecilla militar Pepe Pompín, que tiene la desgracia y suerte simultáneas de estar en un programa que si bien no es uno de estos menjunjes de los que hablábamos, tampoco tiene un género definido.
Por eso me gustan las vacaciones de invierno y de verano. Porque en esos momentos incluso Ellos se pudren y mandan series viejas o películas como "El Tren Atómico", "El Perro Atómico", "Mi Pobre Angelito 2", "Mi Pobre Angelito 3" o "Mi Pobre Angelito 4" (debo aclarar que todas éstas son películas de verdad, que alguien hizo, dirigió, pagó, produjo, compró su televisación, etc. Posta, yo las vi todas).
Ack! Quiero ver el Chavo... Uh, mirá, es el capítulo donde juegan al fútbol americano, en el patio que en ambas versiones del capítulo tiene una esvástica dibujada en una pared... Sí, eso siempre me intrigó mucho.
Bué, quejándose como siempre pero sin mover un dedo al respecto, se despide,
Agropio Fallaver,
el que escribe sobre lo que a nadie le interesa, pero lo leés igual.


2 Comentarios:
JJAA...yo si no tengo que estudiar..veo toda eso porque, como bien dicen en el blog, ES LO UNIKO QUE HAY...en fin...agunate el chavo y los simposon!!...no fallan nunca!
Y agunate ver peliculas repetidas una y otra vez hata que te exploten los ojos y ya no den mas!
Si hablo de terminator, mi pobre angelito, rambo, etc..
loos dejo NCNL
juax! todo eso es muy cierto, y lo de la esvastica tendria q verlo ademas vos le encontras el pelo al huevo loco!!!!!!!!y tengo q ver mi pobre angelito 4 dios el mundo es bizarro MAL
ah sos groso agropio
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